Tratamiento para las enfermedades coronarias

Las enfermedades coronarias se producen a partir del estrechamiento de las arterias. La grasa se deposita en las paredes arteriales y obstruye el torrente sanguíneo. El infarto ocurre cuando coágulos de sangre bloquean el paso por completo y la falta de oxígeno daña o mata las células del corazón. La alimentación está directamente involucrada en muchos de los riesgos de enfermedades coronarias. Prestar atención a la dieta es una de las más importantes medidas preventivas que se pueden tomar. El depósito de grasa en las arterias son el resultado de una serie de factores. Además de la alimentación, el cigarrillo, la vida sedentaria y los antecedentes familiares son causas que también deben ser tenidas en cuenta cuando hablamos de enfermedades coronarias. Una dieta alta en grasas, la obesidad, la hipertensión y la diabetes son factores de riesgo.

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Conociendo un poco más la vitamina E

Se cree que la función más importante de la vitamina es como antioxidante liposoluble. Su trabajo es impedir la oxidación del colesterol malo (LDL). Cuando se oxida el colesterol LDL, se incrementa el riesgo del endurecimiento de las arterias. Los distintos aceites vegetales son fuentes proveedoras de vitamina E, como el aceite de germen de trigo, el aceite de girasol, el aceite de soja y el aceite de maíz. También se encuentra en grandes cantidades en el grano de maíz, germen y salvado sin procesar, además de las frutas secas. En menor cantidad, esta vitamina está presente en el hígado, huevos y legumbres. Claro que, sobre todo en el caso del huevo, algunos de estos alimentos pueden no coincidir con una correcta dieta para las enfermedades coronarias. También es posible consumir suplementos dietarios, que aporten más de 400 U.I. por día de vitamina. Las personas que no logran reducir su nivel de colesterol con dieta y ejercicio, pueden valerse de las propiedades de la niacina. Incrementa el nivel de colesterol bueno en un 30%, logrando bajar el colesterol malo. Pero se necesitan grandes cantidades de niacina para alcanzar resultados, de modo que debe ser ingerida bajo supervisión médica, ya que su uso puede agravar úlceras o traer problemas de hígado, diabetes o artritis. La vitamina C y el betacaroteno son dos excelentes antioxidantes que se encuentran disponibles en frutas y verduras. El betacaroteno es un compuesto natural presente en las verduras de hojas verdes, los cítricos y otras hortalizas. Es un poderoso antioxidante que se convierte en vitamina A según lo requiera el organismo. Una dieta rica en betacaroteno previene las enfermedades coronarias. Otras vitaminas y minerales pueden ayudar a disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas. Se trata de las vitaminas B (B6 –piridoxina–, B12 –cobalamina– y folato), el potasio, el calcio y se está siguiendo la pista de otros minerales como el magnesio, cromo y selenio.

La dieta sana para enfermedades coronarias

Una dieta con alto contenido de productos de grano integral y otros vegetales con bajos niveles de grasa, grasas saturadas y colesterol, pueden reducir el riesgo de contraer enfermedades cardíacas. Distintos tipos de pan, en especial muchos tipos de pan tostado, y gran cantidad de cereales, son alimentos ricos en grano integral. Según el doctor David R. Jacobs, epidemiólogo de la Universidad de Minnesota y especialista en las propiedades beneficiosas de los alimentos de grano integral, “existen claras evidencias de que una dieta con un alto contenido de productos de grano integral protege contra enfermedades cardíacas”. Aparentemente, las propiedades preventivas contra estas enfermedades coronarias no sólo se deben a la fibra contenida en los productos de grano integral, sino a que contienen grandes cantidades de antioxidantes, vitaminas y substancias fitoquímicas, cuya acción conjunta produce el efecto preventivo. Para que la dieta de enfermedades coronarias se convierta en una aliada del corazón, debe ser completa. Los ácidos grasos Omega-3 son un tipo de grasa polinsaturada que se encuentra en el pescado. Tienen un efecto muy beneficioso para el organismo, disminuyendo el colesterol y reduciendo los niveles de triglicéridos cuando se encuentran elevados. Además, mejora la elasticidad de los vasos sanguíneos y diluye la sangre, impidiendo la formación de coágulos. Los componentes químicos y minerales de la cebolla atacan directamente la formación de placas de colesterol. Además, ayudan a anular la acción de otros alimentos ricos en colesterol si se ingieren a la vez. El huevo consumido con cebolla reduce notoriamente sus niveles de colesterol. Además, el ácido fosfórico y cítrico de la cebolla protege los tejidos arteriales. Hoy en día se acepta generalmente que una “dieta mediterránea” está asociada con una baja incidencia de enfermedades coronarias. Esta dieta incluye grandes cantidades de fruta, vegetales, frutos secos y aceites vegetales, especialmente el aceite de oliva. Un consumo bajo a moderado de vino tinto también puede incluirse en este tipo de dieta. Un buen aceite extra virgen contiene aproximadamente un 74 por ciento de ácidos grasos monoinsaturados, un 12 por ciento de ácidos grasos polinsaturados, y un 14 por ciento de ácidos grasos saturados. La mayoría de los ácidos grasos monoinsaturados se compone de ácido oleico. Muchos estudios han demostrado que el ácido oleico previene la calcificación de las arterias. Este tipo de aceite presenta otros mecanismos subyacentes beneficiosos, puesto que reduce el nivel del dañino colesterol LDL y eleva, en cierta medida, el del colesterol bueno. Los fenoles contenidos en el aceite de oliva son en gran parte responsables de su sabor típico y de su capacidad para evitar que se vuelva rancio. Dependiendo de su calidad, el aceite de oliva puede contener de 100 a 800 mg de fenoles por kilogramo. El aceite de oliva extra virgen tiene el mayor contenido de fenoles. Varios estudios han demostrado que esta substancia inhibe la agregación de plaquetas, y reduce la constricción vascular. Juntos, estos efectos pueden contribuir a la habilidad del aceite de oliva a ofrecer protección contra las enfermedades coronarias. Asimismo, el aceite de oliva contiene sustancias que han demostrado una alta eficacia en la lucha contra la liberación de radicales libres por parte de los glóbulos blancos. Las frutas secas son indispensables en la dieta mediterránea. Sus altos contenidos de potasio, calcio, fósforo, magnesio y hierro las convierten en una excelente forma de fortalecer el corazón. El potasio participa de la contracción del músculo cardíaco, el calcio es esencial para una buena circulación sanguínea, el fósforo da lugar a los componentes de las membranas celulares, el magnesio elimina las grasas y el hierro es necesario para la producción de la hemoglobina, la molécula que transporta el oxígeno en el interior de los glóbulos rojos. Las frutas secas, como la almendra, contienen un 50 por ciento de su peso en ácido oleico, mientras que las nueces son ricas en ácido linoleico. Igualmente siempre conviene consultar a un nutricionista en enfermedades coronarias.

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